¡Qué tal amigos! Soy Roberto y en esta ocasión, les contaré una divertida leyenda de Ambato, la importante ciudad de la Sierra Ecuatoriana. Es la historia de Vico y el duende.


En la parroquia de Huambaló, a las afueras de Ambato, vivía un niño llamado Vico, a quien el encantaba jugar, sobre todo con sus canicas. Lo hacia en la quebrada de Gualgchuco, un lugar en el que los locales decían que habitaba un duende, que perseguía a las muchachas y a los niños traviesos.

duendeUna tarde, Vico se quedó jugando y, a lo que empezaba a anochecer, se le acercó un pequeño personaje humanoide. Era el duende y vestía un traje verde con un sombrero café. Este ser llevaba unas canicas coloridas y llamativas. Le retó a un juego y Vico, fascinado por las canicas, aceptó.

El niño empezó ganando, pero el astuto duende cambió su suerte. Vico perdió, se quedó sin nada y volvió a su casa.

Al día siguiente, buscando la revancha, regresó a la quebrada a la misma hora, donde le esperaba el duende, listo para otro partido. Vico tenía un as bajo la manga: había humedecido sus canicas en agua bendita, por lo que ganó el reto.

El duende, frustrado, intentó atraparlo, pero en ese momento apreció la abuela del niño, quien lo amenazó y ahuyentó, lanzándole las compras que llevaba. A la mañana siguiente, cuando Vico fue a ver lo había ganado, se percató que las canicas del duende habían desaparecido.

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