¡Hola amigos! Soy Roberto y les voy a contar un relato tradicional de Imbabura, esa bella provincia de la Sierra ecuatoriana, que este mes festeja la Fiesta del Ovo.


molesto-salioHace miles de años vivía en Imbabura un gigante aventurero. El recorría la provincia enérgicamente, descubriendo bosques y montañas. En una ocasión, cansado de tanto caminar, decidió que era hora de tomar un baño. Llegó al Lago San Pablo y le pareció el lugar perfecto para un chapuzón, ya que se veía bastante profundo. Sin embargo, sus aguas apenas le llegaban a la rodilla.

convencidoMolesto, salió de ahí y fue a la Laguna de Mojanda, pero aquí el agua solo alcanzó para cubrirle los pies. Sin perder la motivación, se dirigió hacia Yahuarcocha, donde únicamente pudo lavarse las manos.

Convencido de que en toda la provincia no había un solo lugar en el que podía tomar un baño, fue a la Laguna de Cuicocha. Aquí, el agua le llegó a la cintura. Insistió en que debía encontrar otro lugar adecuado para su tamaño. Es así que vio en el Taita Imbabura un pequeño charco en su cumbre. Era la Laguna del Cunru. Arrogante, se lanzó al agua, solo para darse cuenta de que sus pies no tocaban el fondo. Desesperado por no ahogarse, alzo sus brazos y se aferró con uno de sus dedos a una roca, en la cual hizo un hueco. Esta formación se la conoce en la actualidad como la ventana del Imbabura.

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