Una montaña de dulces navideños

Un divertido cuento de Navidad para toda la familia. Compártelo con los más pequeños del hogar.

Por: Indira Rivadeneira


Faltaba solo un día para que sea Navidad y, frente a las perchas de las tiendas, llenitas de dulces, los niños, reían, saltaban y gritaban:

Yo quiero ese chocolate para mi funda navideña, ese chupete, chicles, galletas y esas exquisitas gomitas también».

Una montaña de dulces navideños Cada niño solo pensaba en que su funda de golosinas estuviera llenecita de delicias. Pero se olvidaban de los otros niños que, quizás, no iban a recibir el sabor de la Navidad en cada dulce sabroso.

Mientras tanto, en el Polo Norte, en la casa de Papá Noel, todo era silencio absoluto. No pasaba nada de nada, porque Papá Noel estaba enfermo y muy preocupado. Si no sanaba pronto, algo terrible iba a suceder. Las golosinas, en lugar de tener sabor agradable y dulce, iban a saber amargas y saladas. Además, todos los niños del mundo se quedarían sin regalos.

– «¡Oh Dios mío! Qué van a decir los niños cuando no reciban juguetes este año y lo más terrible, cuando una golosina y sepa salada», se lamentaba Papá Noel tendido en su cama.

Una montaña de dulces navideños Rodolfo el reno escuchó asustado esas palabras y llamó a los demás renos.

-«Debemos ayudar a Papá Noel. Él está muy enfermo», les dijo asustado.

-«¡Ya lo sé!», dijo Relámpago. «Lo que lo tiene tan enfermo es que unos niños reciban golosinas y otros se queden sin probarlas. Vamos a armar una enorme fila de trineos y a viajar por todo el mundo. Pediremos a los niños que dividan su funda de golosinas en dos y que trepen al trineo para llevárselas a Papá Noel».

Una montaña de dulces navideños

Mientras Santa sufría sin poder moverse, escuchó el ruido de los cascabeles de sus amados renos y se asomó por la ventana. Se los veía sin aliento, como si hubieran realizado un largo viaje. Cuando salió de su casa, no podía creer lo que veía: Una larguísima fila de vagones de trineos repletas de niños generosos. Uno a uno saltaron del trineo y entregaron a Papá Noel una funda de golosinas. Todos juntos formaron una enorme montaña de dulces navideños.

¡Jo, jo, jo, jo!, rió Papá Noel, sintiéndose completamente sano.

– «¡Ahora sí todos los niños del mundo van a tener una dulce Navidad!dijo muy contento.

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